lunes, 19 de enero de 2015

Él lo era

Dos de las cosas más importantes de mi vida las aprendí de mi abuelo. Con mi abuelo descubrí que el amor incondicional existe, que es posible amar con la misma intensidad a una misma persona a los 30 años, a los 60, los 90 y hasta el último día de tu vida. Creo en el amor, no por los cuentos o las películas, yo creo en el amor porque lo he visto en su mirada y en sus besos. Él era todo cariño, ternura.

A no perder nunca el sentido del humor me enseñó mi abuelo. Lo gratificante que es hacer reír a otro lo aprendí de él. Aprendí que hay que saber reírse de uno mismo para ser capaz de reírse de todo, con todo.
De mi abuelo no tengo los ojos ni la nariz; no sé cuál es el patrón de herencia de estas cosas, pero me gusta pensar que de mi abuelo tengo el sentido del humor y no puedo estar más orgullosa y agradecida. Mi abuelo, maestro del chiste malo y del juego de palabras, experto sin saberlo en el uso del running gag, mi cómico favorito. 

Mi abuelo, que me enseñó dos cosas que considero fundamentales para mi vida, a bromear y querer y dar cariño.
La verdad es que ahora no se me ocurre nada que pueda aliviar la tristeza que siento, pero yo creo que él, con su sonrisa reconfortante, nos diría  “nos preocupéis, esto lo tapa la corbata”. Eso sí, esta vez, vamos a necesitar una muy ancha.
                                                                               
             Diciembre 2014
                     A menudo defino las cosas que me encantan como geniales, 
                                                                                                       él lo era.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Olvido



21 de Septiembre, Día Mundial del Alzheimer. 
Que no se nos olvide que hay quien olvida contra su voluntad a todos los que de vez en cuando suspiramos y deseamos "ojalá te pudiera olvidar".

viernes, 15 de agosto de 2014

Un número

La edad es un número que inevitablemente nos acompaña, primero nos limita y frustra, después nos agobia y acompleja para finalmente asustarnos.
La edad es un número que no me representa.
Qué bonito sería poder perder la cuenta.

sábado, 22 de febrero de 2014

a buen entendedor,

pocas palabras bastan.

Cree el ladrón que son todos de su condición y no hay más ciego que el que no quiere ver. No hay mayor mentira que la que te cuentas a ti mismo, pero siempre hemos sabido que se pilla antes a un mentiroso que a un cojo.

A este mundo hemos venido a jugar, a llevárnoslo todo, el problema es que a veces nos dejamos llevar por la curiosidad de que habrá dentro de la caja, porque la caja podría ser cualquier cosa, hasta un barco. El problema es el de siempre, que la curiosidad mato al gato.

Pero como al que madruga Dios le ayuda seguimos despertando cada mañana y seguimos nadando porque siempre nos han dicho que quien la sigue la consigue. Pero ¿qué pretendes conseguir?, ¿no ves que no le puedes pedir peras al olmo? que de donde no hay, no se puede sacar...

La esperanza es lo último que se pierde y por eso te sientas a esperar sentado, que pase lo que tantas veces pides detrás de un ojalá aunque luego lo niegues tres veces (y quizás alguna más). Y así es como el árbol no te deja ver el bosque...

que talen ya ese árbol por favor! que lo arranquen, que se lo lleven! que yo no me atrevo, que a mi me da miedo y me aferro al lo malo conocido y me estoy perdiendo lo bueno por conocer.
Aunque hierba mala nunca muere.

- Tranquila, no hay pena que cien años dure
- eso depende, ¿cuanto tienes pensado vivir tú?

lunes, 17 de febrero de 2014

El inconveniente Gay

No es homofobia, es pereza.

Por todos es sabido, que existen una serie de frases que actúan como válvula de escape para todos aquellos momentos en los que un amigo o una amiga se pone pesado.
"¿pesado? no... mi amigo no se pone nunca pesado... nos contamos nuestros problemas, nos apoyamos..."
ya.
ya, ya.
pesados, muy pesados. Todos nos ponemos muy pesados alguna vez, sobre todo cuando el eje del problema es el de siempre: le quiero pero no me quiere, me quiere pero a veces, le quiero pero a veces no, no le quiero pero quiero que me quiera, le quiero normal...
A simple vista, todos podemos apreciar en estas frases la existencia de un drama, un profundo drama personal. Pero no es un drama amoroso, no. El verdadero drama lo vive la persona que con mucha (pero que mucha) paciencia escucha, asiente, escucha, asiente y vuelve a escuchar.

Para estas ocasiones contamos con un repertorio de frases homologadas, una de mis favoritas es aquella que usa exclusivamente el género femenino: da igual lo que haya hecho el hombre, da igual que la haya dejado tirada en mitad de un descampado a las 4 de la mañana, que se haya tirado a otra amiga en común (que de ahora en adelante en todas las conversaciones en las que no este presente será denominada de alguna forma peyorativa en al menos una ocasión por protocolo) o simplemente se haya conectado hace cinco minutos y no haya contestado a la berenjena del whatsapp que ella le mando. Da igual, porque tú como amiga tienes una frase clave, tienes la solución, ni siquiera hace falta que hayas escuchado la mayoría del monologo que te ha soltado sin piedad ninguna, tú siempre puedes decir: 
"tía, no te rayes. No merece la pena que te rayes por él" 
y después de soltar esta autentica joya, este maravilloso logro de nuestro sexo siempre puedes continuar con otro gran clásico como: 
"si es que son todos iguales, son todos imbéciles/como críos/unos cerdos..." 
¿Siempre?
Siempre NO
Si a quien consuelas es un chico que te llora y moquea por otro chico, no tengo muy claro que se recoge en el código civil, pero creo que insultar a todo su género y por tanto a él, no es la mejor solución.
Y este es el gran inconveniente Gay, que sus amigos nos vemos obligados a forzar la mente tratando de buscar algún comentario que introducir entre lamento y lamento.

Este es el único inconveniente, la única pega verdaderamente seria que se le puede encontrar, si encuentras alguna más, haztelo mirar.




sábado, 28 de diciembre de 2013

De rabiosa actualidad

Muchas veces el entorno nos exige que demos nuestra opinión sobre temas de actualidad, a mi la actualidad me da pereza. Los telediarios me dan pereza y la mayoría de las noticias no son más que mierda editada en HD.
Prefiero hablar de otras cosas menos polémicas, más bonitas. No vivo ajena a lo que me rodea, pero no veo porque debería amargar mis reuniones con amigos hablando de lo mal que esta todo y de las malas personas que nos gobiernan. Prefiero contar chistes.
Ahora bien, uno de los temas de actualidad ahora mismo me toca especialmente, a mi y a mis órganos reproductores. A mí y a mi libertad con dueña de dos X. 
Así que creo conveniente aunque solo sea rozar el tema. No voy a soltar un discurso sobre cual es mi opinión en esto de la ley del aborto, pero os dejo este pequeño fragmento de un texto de George Carlin. Como ya he dicho, yo prefiero contar chistes.


lunes, 14 de octubre de 2013

Cuando nos enfadamos

Cuando nos enfadamos mandamos a paseo cualquier signo de evolución, renunciamos a ser el animal racional que tanto presumimos ser.

Cuando nos enfadamos somos tontos: no hay coherencia, no hay cohesión, no hay criterio. No hay corazón haya o no razón.

Cuando nos enfadamos somos capaces de argumentar verdaderas maravillas como: “y tú que, eh?”

Cuando nos enfadamos somos capaces de buscar todo aquello que nos gusta del contrario y convertirlo en algo malo.

Pero el enfado, pese a volvernos tontos y dañinos, a veces, también es bonito. El enfado es puro, es sincero. Cuando nos enfadamos dejamos nuestras cartas sobre la mesa. Nos quedamos desnudos y de pronto es evidente al mundo que la persona foco de nuestra ira nos importa. Nos importa lo suficiente como para que aquello que dice (o no dice) nos turbe.

“Me enfado porque te quiero” y otras tonterías de la vida