lunes, 23 de marzo de 2015

Aunque haya que conocerlo

Hubo un momento en mi infancia en el que el sistema educativo quiso poner a prueba mi pensamiento abstracto, o dicho de otra forma, hubo un día en el colegio en el que hablamos de refranes. 

Cada uno lanzaba un refrán al aire y algún valiente se encargaba de explicarlo, previa mano levantada claro, como todo lo que se hace desde aquellas sillas verdes.
Llegó mi turno, tarde como siempre, porque la R no está muy bien posicionada en el alfabeto; y yo desde mi pequeñez pequeña escogí el refrán, que aún hoy escojo siempre: "Más vale maña que fuerza". Os diría que me lo enseñó alguna figura importante de mi vida para que sea todo más bonito, pero la realidad es que lo aprendí viendo los Fruitis, me lo explicó una piña que se llamaba Gazpacho (cosa que nunca entendí). Y puede que porque yo nunca fui muy grande o muy fuerte, me pareció genial y se tatuó en mi cerebro para siempre.

Fui capaz de entender, y hubiera sido capaz de explicar (si no hubiera sido tan pequeñita y mi mano no pasara tan fácilmente desapercibida) todos los refranes que mis compañeros aportaron, todos menos uno.

"Más vale malo conocido, que bueno por conocer"

¿Cómo? ¿Qué? en mi cabeza se produjo un cortocircuito, y rápidamente pensé que lo había oído mal "será, más vale bueno por conocer, que malo conocido" pero no. Desde mi pequeñez pequeña no podía entender como alguien podía preferir algo malo a algo bueno, por mucho que lo conociera. Lo pensé, le di mil vueltas y no logré entender porque más vale malo conocido que bueno por conocer. Pregunté a quien lo sabía todo, que en aquel momento no era Google, porque no existía (esto me hace sentir vieja), era mi padre, pero a el le parecía tan lógico que no acertó a entender que era lo que no entendía de aquella frase.

Pasaron años hasta que lo comprendí, hasta que entendí, que aquel refrán reflejaba el miedo al cambio. Ahora, que ya no me siento en sillas verdes y que aunque siga siendo pequeña ya no paso desapercibida si yo no quiero, puedo decir que lo entiendo, pero al igual que cuando era una niña, no lo comparto.

Yo me quedo con lo bueno por conocer, aunque haya que conocerlo.
Y precisamente sea conocerlo, descubrirlo, la mejor parte de todas.



domingo, 1 de marzo de 2015

Fragmento (cosas que molan flojito)

Hay cosas en las películas que molan flojito. Quiero decir, hay cosas de las películas que molan muchísimo y que hacen de ellas el espectáculo que son, porque vamos a ver si tuviéramos ese nivel de emoción en nuestro día a día pues no íbamos a llamar a Cofidis y pedir un crédito para poder verlo en el cine. Pero no me refiero a esas cosas que molan tanto, yo me refiero a las que molan, pero más flojito.

Por ejemplo: tu cuando, por lo que sea, no vamos ahora a ponernos a juzgar la vida de la gente, pues te ves envuelto en un tiroteo, que a quien no le ha pasado, que todos hemos dicho eso de “hoy salimos de tranquis”. Pues en la vida real estar en un tiroteo es una cosa muy complicada, porque claro hay varias personas que llevan armas y tienes que tener cuidado de que no te de ninguna. En el cine esto es más sencillo, tu solo tienes que preocuparte del que te está disparando a ti, porque esa persona está ahí para ti, para lo que sea, el contigo, a muerte. Solo te va a disparar a ti, y si no te tiene a tiro, pues se espera! Ya aparecerás otra vez, pero él no se va a poner a disparar a otro, que ni le conoce ni nada. Esto es una cosa que está muy bien, hay un orden un saber dispararse, con educación. Cada hombre armado tiene su blanco y de ahí no le muevas. Me les imagino ahí...”Dimitri!” – bueno, es que me estoy imaginando una película de terroristas rusos- “dispara!!” y el Dimitri que es un hombre que podrá ser todo lo terrorista y todo lo sanguinario que tú quieras pero oye, se ha leído el guion “ – no, a mí me han dicho que dispare al rubio, y yo solo disparo al rubio”.  Esto es una cosa que mola, porque aumenta las probabilidades de sobrevivir, solo te tienes que fijar en uno, una vez se le acaben las balas pues te puedes hasta salir a echar un cigarrito en lo que acaban.

Aquí topamos con otra cosa, que mola o no mola según se mire y es que el suministro de balas nunca está claro, porque lo mismo te matas a media Rusia sin cambiar el cargador, que se te acaban las balas justo cuando estas cara a cara con el más malo de toda la peli, que se le pone una sonrisilla al tío cuando aprietas el gatillo y aquello no va… que le llegan a poner la música del anuncio de la lotería y lo mismo nos echamos hasta unas lagrimillas. Si, y aprovecho para decir que ese anuncio os emociona por la música que le han puesto, que está puesta a mala idea, a sacar lagrima, ese mismo anuncio con otra música te puede dar desde asco hasta risa. Bueno el caso es que en las películas no te puedes fiar el cargador de tu arma y bueno, si ese día esta generoso pues bien porque puedes estar toda la película sin preocupaciones, lo malo es que te puede dejar tirado en cualquier momento, sobre todo si vas ganando.

Otra cosa que mola flojito de las pelis es el momento “me han dado Mike, me han dado” que viene a ser cuando a uno de los protagonistas de la película su asesino asignado le ha alcanzado y está ahí, con la manica en el pecho a modo de gasa compresora. Este momento me encanta porque su amigo, que se acaba de percatar y le ha pedido un receso de cinco minutos al tío que le estaba disparando para poder acercarse donde Mike, se arrodilla junto a él y le dice cosas como “aguanta Mike”. Y Mike aguanta, porque Mike es un colega de los que ya no quedan, y si se tiene que esperar para morir cuando acabe el tiroteo pues se espera. Y cuando se acaba el tiroteo pues Mike sigue ahí, porque vale que solo tenga 5 litros de sangre como todos los mortales pero él se la administra y la ha ido perdiendo a poquitos, eso sí, está el hombre muy mal ya pero aun así!, aun así! Se espera para entrar en shock a que su amigo haya terminado y este otra vez junto a él. ¿Y entonces? ¿Llamamos a la ambulancia ya? No no, en las películas el equivalente a llamar a la ambulancia e iniciar RCP a tu amigo es decir “No, no te mueras, no por favor, no te mueras” y arreglado. Ah, que no mola ¿no?

Y las constantes vitales de Mike aguantan, como aguanta un móvil que se está quedando sin batería a que llegues a casa pero pitando cada X minutos para recordarte que está ahí muriendo, pues Mike no pita no, pero tose, de vez en cuando tose como diciendo “se me va la vida eh”. Pero aguanta el tío, porque no lleva ahí 2 horas y media de película para morirse ahora que vienen los créditos y espera a que llegue la ambulancia (que nadie ha llamado, porque ahí está Mike y el colega y 50 rusos muertos, que se han cargado entre los dos con medio cargador y adhesivo de montaje que nunca viene mal). Y llega la ambulancia, y aquello es una fiesta! Como mola que llegue la ambulancia porque ellos se encargan de llamar a la policía, a los bomberos y a dos vecinas curiosas en bata para que merodeen mientras acordonan la zona. Y sacan a Mike de allí, que según sea de duro el tío saldrá en camilla o tranquilamente apoyado sobre el hombro de algún compañero. No lo dicen, pero Mike se apellida Urrutia casi con toda seguridad.

El caso es que los de la ambulancia empiezan a cargar a Mike y este se quita la mascarilla para poder decir unas palabras a sus compañeros, no olvidemos que es un tío que no es que haya perdido sangre, es que la debe ya y que hace nada había perdido la conciencia, que no nos vamos a poner tiquismiquis con Glasgow ni nada pero vamos, que la conciencia le viene y va según le conviene. Pues ahí está diciendo algo ingenioso para terminar, porque la sangre se pierde, pero el sentido del humor nunca. Y le dice algo a su compañero del tipo: te lo dije, me debes 20 pavos.

Y el resto de la gente que no necesita tantos cuidados como Mike pues les calzan una manta, porque esto de estar a punto de morir y eso pues te deja frío y nunca viene mal echarse una mantita por encima y en ocasiones hasta un café (depende del presupuesto de la película, en las españolas por ejemplo no les dan ni manta como mucho una colleja que calienta parecido y es gratis, sobre todo si sale Resines). 

(...) 


lunes, 19 de enero de 2015

Él lo era

Dos de las cosas más importantes de mi vida las aprendí de mi abuelo. Con mi abuelo descubrí que el amor incondicional existe, que es posible amar con la misma intensidad a una misma persona a los 30 años, a los 60, los 90 y hasta el último día de tu vida. Creo en el amor, no por los cuentos o las películas, yo creo en el amor porque lo he visto en su mirada y en sus besos. Él era todo cariño, ternura.

A no perder nunca el sentido del humor me enseñó mi abuelo. Lo gratificante que es hacer reír a otro lo aprendí de él. Aprendí que hay que saber reírse de uno mismo para ser capaz de reírse de todo, con todo.
De mi abuelo no tengo los ojos ni la nariz; no sé cuál es el patrón de herencia de estas cosas, pero me gusta pensar que de mi abuelo tengo el sentido del humor y no puedo estar más orgullosa y agradecida. Mi abuelo, maestro del chiste malo y del juego de palabras, experto sin saberlo en el uso del running gag, mi cómico favorito. 

Mi abuelo, que me enseñó dos cosas que considero fundamentales para mi vida, a bromear y querer y dar cariño.
La verdad es que ahora no se me ocurre nada que pueda aliviar la tristeza que siento, pero yo creo que él, con su sonrisa reconfortante, nos diría  “nos preocupéis, esto lo tapa la corbata”. Eso sí, esta vez, vamos a necesitar una muy ancha.
                                                                               
             Diciembre 2014
                     A menudo defino las cosas que me encantan como geniales, 
                                                                                                       él lo era.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Olvido



21 de Septiembre, Día Mundial del Alzheimer. 
Que no se nos olvide que hay quien olvida contra su voluntad a todos los que de vez en cuando suspiramos y deseamos "ojalá te pudiera olvidar".

viernes, 15 de agosto de 2014

Un número

La edad es un número que inevitablemente nos acompaña, primero nos limita y frustra, después nos agobia y acompleja para finalmente asustarnos.
La edad es un número que no me representa.
Qué bonito sería poder perder la cuenta.

sábado, 22 de febrero de 2014

a buen entendedor,

pocas palabras bastan.

Cree el ladrón que son todos de su condición y no hay más ciego que el que no quiere ver. No hay mayor mentira que la que te cuentas a ti mismo, pero siempre hemos sabido que se pilla antes a un mentiroso que a un cojo.

A este mundo hemos venido a jugar, a llevárnoslo todo, el problema es que a veces nos dejamos llevar por la curiosidad de que habrá dentro de la caja, porque la caja podría ser cualquier cosa, hasta un barco. El problema es el de siempre, que la curiosidad mato al gato.

Pero como al que madruga Dios le ayuda seguimos despertando cada mañana y seguimos nadando porque siempre nos han dicho que quien la sigue la consigue. Pero ¿qué pretendes conseguir?, ¿no ves que no le puedes pedir peras al olmo? que de donde no hay, no se puede sacar...

La esperanza es lo último que se pierde y por eso te sientas a esperar sentado, que pase lo que tantas veces pides detrás de un ojalá aunque luego lo niegues tres veces (y quizás alguna más). Y así es como el árbol no te deja ver el bosque...

que talen ya ese árbol por favor! que lo arranquen, que se lo lleven! que yo no me atrevo, que a mi me da miedo y me aferro al lo malo conocido y me estoy perdiendo lo bueno por conocer.
Aunque hierba mala nunca muere.

- Tranquila, no hay pena que cien años dure
- eso depende, ¿cuanto tienes pensado vivir tú?

lunes, 17 de febrero de 2014

El inconveniente Gay

No es homofobia, es pereza.

Por todos es sabido, que existen una serie de frases que actúan como válvula de escape para todos aquellos momentos en los que un amigo o una amiga se pone pesado.
"¿pesado? no... mi amigo no se pone nunca pesado... nos contamos nuestros problemas, nos apoyamos..."
ya.
ya, ya.
pesados, muy pesados. Todos nos ponemos muy pesados alguna vez, sobre todo cuando el eje del problema es el de siempre: le quiero pero no me quiere, me quiere pero a veces, le quiero pero a veces no, no le quiero pero quiero que me quiera, le quiero normal...
A simple vista, todos podemos apreciar en estas frases la existencia de un drama, un profundo drama personal. Pero no es un drama amoroso, no. El verdadero drama lo vive la persona que con mucha (pero que mucha) paciencia escucha, asiente, escucha, asiente y vuelve a escuchar.

Para estas ocasiones contamos con un repertorio de frases homologadas, una de mis favoritas es aquella que usa exclusivamente el género femenino: da igual lo que haya hecho el hombre, da igual que la haya dejado tirada en mitad de un descampado a las 4 de la mañana, que se haya tirado a otra amiga en común (que de ahora en adelante en todas las conversaciones en las que no este presente será denominada de alguna forma peyorativa en al menos una ocasión por protocolo) o simplemente se haya conectado hace cinco minutos y no haya contestado a la berenjena del whatsapp que ella le mando. Da igual, porque tú como amiga tienes una frase clave, tienes la solución, ni siquiera hace falta que hayas escuchado la mayoría del monologo que te ha soltado sin piedad ninguna, tú siempre puedes decir: 
"tía, no te rayes. No merece la pena que te rayes por él" 
y después de soltar esta autentica joya, este maravilloso logro de nuestro sexo siempre puedes continuar con otro gran clásico como: 
"si es que son todos iguales, son todos imbéciles/como críos/unos cerdos..." 
¿Siempre?
Siempre NO
Si a quien consuelas es un chico que te llora y moquea por otro chico, no tengo muy claro que se recoge en el código civil, pero creo que insultar a todo su género y por tanto a él, no es la mejor solución.
Y este es el gran inconveniente Gay, que sus amigos nos vemos obligados a forzar la mente tratando de buscar algún comentario que introducir entre lamento y lamento.

Este es el único inconveniente, la única pega verdaderamente seria que se le puede encontrar, si encuentras alguna más, haztelo mirar.