domingo, 10 de abril de 2016

Estoy preocupada

Todo ha empezado a raíz de un anuncio que vi el otro día en la tele, en televisión española concretamente. Me dejo intranquila así que decidí acudir al todo poderoso Google. Y lejos de calmarme, Google no ha hecho más que alarmarme más. Claro que, no sé qué pretendía buscando en un sitio en el que introduzcas la combinación de síntomas que introduzcas, las dos primeras entradas te dirán que casi con toda probabilidad tienes un cáncer terminal y la tercera que “averigües de qué tipo realizando este sencillo test” que a una tal Melany le funcionó y gracias a eso aún sigue viva. 

Google es esa amiga que cuando le cuentas tus problemas siempre te responde “tú no te rayes tía” ya le hayas contado que crees que te han puesto los cuernos o que has asesinado a machetazos a un turco y tienes el cadáver desangrándose en la bañera. Solo que Google siempre contesta “tú no te rayes tía, total es cáncer, te vas a morir”.

El caso es que formulé mi pregunta a Google y justo debajo de “Quizás quiso decir cáncer” apareció la respuesta a mi pregunta: 1984. Y no, no había escrito “famosa novela de George Orwell” la pregunta era:
¿Por qué año van en Cuéntame como pasó?

Si, yo a Google le hago las preguntas como a cualquier persona, no entiendo esa gente que se empeña en hablar a Google como si fuera un Sioux haciendo cálculo mental: cuéntame+serie+año. ¿Para qué? Tu pónselo bien, que te va a entender igual, que Google no es tonto. Es como estar delante de Stephen Hawking y hablarle con si fuera Tarzán de los monos.
El caso es que si, cuéntame ha alcanzado en su última temporada el año 1984, cágate lorito.

Naturalmente se me heló la sangre, se me quedaron todos los hematíes parados como un atasco en hora punta. La bromita está de la serie de cuando nuestros padres eran niños, de aquellos tiempos LEJANOS, empezó en el año 1968 y claro como al principio molaba ver como de putas las pasaban tu padres en aquella época pues les hemos ido dejando, y con la tontería se nos ha ido de las manos. SE NOS HA IDO DE LAS MANOS.

Al principio todo eran risas, porque a tus padres les molaba que les recordarán las collejas que se llevaban en la cena, los juegos en la calle o la llegada a casa de la primera tele. Y a ti, pues te gustaba porque era como ver un documental con comentarios del director y de personas de la época. Porque no se ha documentado aún un solo padre que pueda ver esa serie callado. Es sencillamente imposible, no pueden, es superior a ellos, tienen que soltarla: tienen que decirte la suerte que tienes de haber nacido cuando has nacido, que si mira con que se conformaban ellos, que él se acuerda de cuando su tío los llevo a él y a sus 56 primos y a un señor de bigote en el R5 a Cuenca por aquellas carreteras de entonces que no tienen nada de qué ver con las de ahora, que ahora da gusto viajar….. y…y ya te has perdido media trama del capítulo tienes al padre en la cárcel, a la madre metida a puta y al niño pequeño traficando con cocaína en el solar de debajo de casa y no sabes ni en qué año estás ya. Porque si algo tienen las familias de las series españolas, es que tienen vidas mucho más intensas que cualquier familia española. En España introducir personajes nuevos en las series para que las tramas puedan avanzar y reciclarse, no se estila.

Pues eso, que al principio nos hacía gracia esa ventana a otro tiempo y lo dejamos avanzar, luego ya nos entró curiosidad por ver cuando coño iba a cascar la abuela. Ese fue nuestro gran error, no contábamos con qué esa señora iba a resultar ser inmortal. 
Esa abuela los va a sobrevivir a todos, nos va a sobrevivir a todos. Y sin cambiarse de peinado. 
Y claro, como la abuela, ajena a la esperanza de vida de su época y a las leyes de la naturaleza sigue aguantando pues ahí seguimos, con los guionistas retorciendo la trama y exprimiendo a los personajes principales hasta límites insospechados. Con los fácil que sería matar a la abuela coño, si os está pidiendo tierra desde 1976. Con lo fácil que sería ese episodio final con funeral y ya cada uno a su casa y aquí no ha pasado nada. Pero no.
Y así estamos, pero vamos a ver, que están a tres años de que nazca mi hermana! MI HERMANA!! Y yo me agobio, porque si aguantan hasta 1987 quien no te dice que aguantan cuatro añitos más, y claro, nazco yo. Y en el momento en el que cuéntame cómo paso transcurre en tu año de nacimiento… ay amigo… ahí ya eres oficialmente viejo. Y yo por ahí no paso.

Aquí voy a ser sincera con vosotros, yo el interés por esa serie lo perdí mucho antes de que muriera Franco. Ya no sé cuantos años tiene Carlitos, sólo sé que al parecer ya es adulto y ahora me muero de curiosidad por saber cómo van a explicar que la voz de ese chico no se parece en absoluto a la del narrador y llámame mala pero me genera más interés ver como salen de ahí los guionistas que la propia trama de la serie. No, no la veo, hace mucho que no la veo, pero eso no quiere decir que no pueda inquietarme que se aproximen lenta pero inexorablemente hacia mi año de nacimiento amenazando mi juventud con cada nueva emisión.

Vamos a parar esto ya por favor, porque esto ya no va a ser cuéntame cómo paso, va a empezar a ser Está pasando. Nos van a alcanzar, van a llegar al 2016, con la puta abuela viva ya veréis, y no estamos preparados. No sabemos qué va a pasar. ¿Y si se rompe el continuo espacio-tiempo? ¿Eh? ¿A que nadie ha pensado en eso?
Y ya no es sólo que alcancen en año actual, ¿y si no les  basta con eso? ¿Eh? ¿Y si deciden continuar, y empiezan a narrar el futuro, a inventarse lo que va a suceder? y claro, a ver quién es el guapo que le lleva la contraria a televisión española. Nos veríamos obligados a recrear la historia que los guionistas de la serie van inventándose. Los mismos guionistas que no han sido capaces aún de cargarse a la puñetera vieja y poner fin a toda esta agonía, ¿y que pasaría entonces, eh? ¿Queréis saber que pasaría entonces? Pues que conociendo la ficción que se hace en España un día los guionistas se cansarán y dejarán de escribir un futuro para que recreemos y una mañana te levantarás y toda tu vida no habrá sido más que un puñetero sueño de Resines. Y yo por ahí, por ahí no paso.

Ale, me voy a tomar otro Bromazepam.


martes, 26 de enero de 2016

Netas a ti

Dile a ese niño que eras, aquel copiando el workbook al de al lado 5 minutos antes de clase, que decidiste ser médico. Cuéntale que decidiste perseguir una media desorbitada en bachillerato y en la PAU con el único objetivo de pasarte seis años estudiando una carrera.

Se va a partir el culo. Y luego quizás, se ponga a llorar.

A ver cómo le explicas que después de esos seis años vas a pasar los 7 meses más duros de tu vida hasta la fecha estudiando todo lo estudiado (y olvidado) esos años y algunas cuantas chorradas más contrarreloj. Dile que te vas a meter en una cabeza, ya de por si saturada, listas de anticuerpos monoclonales, cromosomas y epónimos. A lo loco.

Y todo porque eres médico. ¿Qué? ¿Acaso se te había olvidado?

Eres médico, si. Hay quien te dirá que has escogido la profesión más bonita del mundo. Probablemente no, todos tienden a pensar que bailan con la más guapa. ¿La más gratificante de todas? Lo será, a ratos. Pero una cosa puedes tener clara, esta profesión reúne a los tipos más duros que te puedas encontrar. Llegado este punto puedes pensar que hay otras profesiones duras, vamos a practicar un poquito la hipérbole: ser solado no debe ser fácil, ¿debe ser duro que tu profesión contemple la posibilidad de quitarle la vida alguien no? Claro, no seamos moralmente absurdos. Aja, prueba a tratar de mantener a una persona con vida contra todo pronóstico. Romper cosas es mucho más fácil que arreglarlas.

Somos la profesión que no solo conoce las reglas del juego al dedillo, si no aquella que baila con ellas a su antojo. ¿Desde cuándo vivir 80 años es jugar limpio? Conocemos la ley y hacemos la trampa.

Llevan probando lo duro que eres desde el principio, ¿Para qué creías que era el ciclo de Krebs o el metabolismo de las purinas? Te han estado probando desde la anatomía patológica hasta la fisiopatología de las enfermedades neurológicas. Has podido con las prácticas de laboratorio, con las de bioestadística, con seminarios… Has sido columna en servicios y sombra con bata. Has rozado ese mundo muchas veces, otras veces lo has tocado hasta el fondo y te ha hecho metástasis. Ya no hay vueltas atrás, ya no quieres otra cosa.

Y ahora otra vez, un nuevo obstáculo, vuelven a poner a prueba que valgas para esto. ¿Es que no van a aprender nunca? Netas a ti.

Tienes miedo, ansiedad y miedo a partes iguales. Lo sé, yo también lo tengo. Sería muy estúpido no estar algo asustado, no te estas midiendo con gente corriente. Te estas midiendo con otros médicos.

Pero nada te ha parado hasta ahora así que deja de preocuparte porque lo vas a conseguir, ¿Por qué?


Porque eres médico, motherfucker.

domingo, 24 de enero de 2016

Y a arrepentirnos después.

Probablemente el peor odio sea el que se destila de un amor previo. Aquel al que no le queda nada por perder porque lo da todo por perdido. Lo esté o no.

Es lo que queda cuando no queda nada, hierba seca a la espera de una chispa. Es algo tan humano que parece estar codificado en el genoma: dejar que la bestia mute, se transforme en algo potencialmente letal y luego simplemente perder el control sobre ella.
Es ese tipo de odio que no se expresa por la fuerza, porque la sangre coagula pero las palabras no. El objetivo es que la herida quede abierta y así, de algún modo, pueda doler siempre que se vuelva sobre ella. 

Tan cruel que cuesta creer que en algún momento fuera lo contrario. Un odio que juega sucio y con ventaja, conoce los puntos débiles, sabe cómo y cuándo atacar. Ha estado ahí antes, sabe cómo llegar.

-         ¿Y ahora qué vamos a hacer?
-        Vamos a dejar que la adrenalina hable, a matarnos con palabras. Y a arrepentirnos después.

miércoles, 29 de julio de 2015

Los conejos blancos

Me distraigo con facilidad. No me malinterpretéis, soy capaz de fijar mi atención e incluso hacer varias cosas a la vez fiel a mi condición de mujer. Pero tengo la habilidad de distraerme y abstraerme a partes iguales, con relativa frecuencia.

Camino de algún sitio, en el autobús, estudiando en la biblioteca (en esta situación es con la que mayor frecuencia se produce, no se sabe por qué), suele suceder cuando estoy sola o en soledad relativa (cuando aun estando rodeado de gente, estás solo) pero ha llegado a suceder cuando estoy con gente e incluso metida en algún tipo de actividad o conversación, de pronto, aparece un conejo blanco y, como Alicia, me voy con él.

Un conejo blanco es una persona desconocida y aleatoria que no sabe que es un conejo blanco. Tienen o hacen algo que llama mi atención de una manera muy sutil. Y mientras miro con disimulo a esa persona pasar fugazmente por mi día, mi imaginación calienta en la banda. 
Y se dispara. Empiezo a imaginar quien es, de donde viene y a donde va. Por qué lleva ese sombrero o porque anda así, porque tiene ojeras o que lleva en esa mochila. Porque ríe o porque intenta disimular que llora.

No quiero saber por qué, simplemente imagino por qué.

La mayoría de las veces y, cada vez con más frecuencia, llaman mi atención aspectos de las personas que me llevan a hacer un diagnóstico diferencial y pensar que hay detrás y como solucionarlo. Mis conejos blancos han cambiado y cada vez son más complejos, pero cada vez me llevan más lejos.
Y de imaginar sobre esa persona, paso a empatizar, me coloco a mi misma en otros escenarios o hipotetizo sobre mi futuro próximo.

No se si os suena o jamás lo habéis experimentado, pero os recomiendo que la próxima vez que os crucéis con un conejo blanco, dejéis por un momento la rutina de ese camino hasta el trabajo, esa conversación aburrida y artificial, que salgáis mentalmente de esa reunión o conferencia... 
No lo dudéis, abandonad por un minuto la realidad e iros con él.

"Ya se me hizo tarde
¡Me voy, me voy, me voy!
¿Lo ves? ¿Lo ves?
¡Ya son más de las tres!
¡Me voy, me voy! ¿Qué tal? ¡Adiós!
¡Me voy, me voy, me voy!" 
(Alicia en el País de las Maravillas)

lunes, 15 de junio de 2015

Eres serotonina

Aunque no te des cuenta y aunque yo no quiera. 
Aunque admitirlo sea tan doloroso y estúpido como golpearse el meñique contra la pata de la mesa deliberadamente. Mírate ahí, jugando a ser imprescindible mientras yo hago equilibrismos para no caerme de la cordura. Voy sin arnés y no hay red. Menudo circo.

Tengo derecho a guardar silencio aunque no esté haciendo uso de él y probablemente todo lo que diga será usado en mi contra; pero no importa porque voy a declararme culpable. No tengo una buena mano pero hemos venido a jugar así que compro vocal y resuelvo.

Eres serotonina,
y me daré cuenta cuando me faltes.

martes, 19 de mayo de 2015

Y dígame, ¿desde cuándo caga usted mariposas?

Como fiel defensora del término medio me veo en la obligación de llamar la atención sobre esta nueva tendencia a la felicidad extrema y constante, la positividad y el entusiasmo desmedido. Esto hay que frenarlo como sea. Se están escribiendo frases positivas sobre paisajes bucólicos muy por encima del límite de la normalidad y animando a gente a perseguir utopías como el burro que persigue una zanahoria atada a un palo.

Ahora que cada segundo, de cada minuto, de cada hora, de cada día es maravilloso y el mundo es feliz, ahora que la gente caga mariposas, ¿qué hacemos con los “me cago en todo”? ¿Y con las listas de reproducción de canciones tristes y melancólicas? Y esto último no es ninguna tontería, porque con el excedente de mierda todavía se puede abonar, pero eliminar las canciones bajoneras son puestos de trabajo que se pierden. ¿No vamos a volver a llorar si no es de alegría? Pues se nos van a resecar los ojos amigos.
Se va a perder ese sarcasmo de calidad de quien no lleva un buen día, bajaran las ventas de chocolate y se va morir la vaca malva esa, se van a perder muchas formas creativas de insultar. Con lo bonito que es chinchar, pero claro, si nada nos molesta, ¿para que molestarnos?

Está mal visto quejarse y enfadarse; está prohibido tener un mal día. Hay que perseguir nuestros sueños, ¡cualquier sueño! Ahora si lo deseas lo suficientemente fuerte, cerrando los ojos, todo es posible. Si lo intentas, las cosas saldrán bien siempre. Hay que ser feliz, todo el rato, pase lo que pase.

Pues cabe mencionar que si todos los días son el mejor, no hay mejor día; y que hay cosas imposibles y cosas improbables, que conviene diferenciar, porque perseguir las primeras es autoadministrarse frustración.

Me gusta tener días increíbles y odio los días de mierda; pero los veo necesarios; sin días malos, los buenos pierden su valor. Necesitamos referencias. Pero lo que veo más necesario aún es una reacción natural. Este modo de vida tan fantástico que se estila ahora es tan artificial como el plástico y la felicidad que propone de tan mala calidad como el plástico de un chino.


Queridísima sociedad esclava de todo tipo de modas, se te está yendo de las manos la positividad, la felicidad y el entusiasmo.  No me mal interpretéis, no odio la felicidad y la alegría de vivir, el problema es que me la estáis devaluando.

domingo, 12 de abril de 2015

Algún día me quedaré sin voz

Algún día me quedaré sin voz, que no sin palabras.

Quedarán escritas, a veces de mi puño y letra, otras veces mecanografiadas, algunas de mis ideas. Quizás no las más brillantes pero si aquellas que algún día tuve la necesidad de escupir. En este rincón de Internet, en mi agenda repleta de anotaciones, en la pared de ese espacio del mundo que me vio crecer, en mis cientos de papeles, en los márgenes de los libros que disfruté o en los apuntes que tomé.

Dejaré escritos todos los "te quiero" y los "te echo de menos" para cuando hagan falta. Quedará escrito gran parte del cariño, de mis pasiones y mis odios. Quedarán subrayados en mis libros mis chistes y gags favoritos, anotados entre mis papeles los chistes más malos y los que son la antitoxina de los malos días; por si faltarán algún día las risas. Los fragmentos de canciones que no entraron solo por el oído. Quedarán en ese disco duro, el que guardo en una cajita, mis textos como si fueran mis restos, los que vieron la luz y los que no, para quien quiera estar conmigo; aunque yo ya no esté.

Me quedaré en las dedicatorias de los libros que regalé, en las notas que mandé, en las cartas y en los mensajes; en los texto que dediqué, en las provocaciones, en las bromas y en las críticas, las constructivas y las destructivas.

Quedarán mis excesivas comas y mis rotundos puntos. Quedará mi uso abusivo de la repetición junto con mi gusto por la contradicción y el sin sentido. Mi tendencia a la prosa pretenciosa que se cree poema. Quedarán mis retorcidos adjetivos y mis metáforas. Ay! quedarán mis metáforas huérfanas de explicación. Quedarán todas mis hipérboles. Toda la ironía y el sarcasmo, pero ya no estará mi sonrisa para respaldarlos.

Es una bonita particularidad de esta manía disfrazada de afición que tengo o padezco. Pero no todo se puede escribir, no; y yo aún tengo mucho que decir.