jueves, 8 de abril de 2010

Microrrelato II

Las cinco y media de un reloj parado hacía meses marcaron el momento exacto en que en contra de su voluntad y con cierta decepción se rindió a su política exterior.
Sus pupilas dilatadas delataban a quien acababa de percatarse de lo terrible de admitir que incluso ella misma era contingente, pero él, él era necesario.

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